La magia es el acto de modificar una posibilidad para que deje de manifestar un potencial y se vuelva una realidad.

En la cultura popular se ha manejado que el típico mago necesita herramientas que van desde una varita mágica y un sombrero hasta elementos más básicos como sal y velas de cebo. Estas son herramientas que se asocian a una imagen que a su vez se relaciona a un concepto básico común. Es como cuando uno está escribiendo un personaje para una historia y decide que éste vista de frac y traiga un sombrero de copa y bigotito estilizado; una de las primeras imágenes que tendrá el lector es que probablemente sea un mago del tipo de Mandrake.

Lejos de los estereotipos, se encuentra la creencia de la existencia de la magia en varias culturas y religiones, pasando desde los oráculos antiguos, los nigromantes judíos, los alquimistas medievales hasta los espectáculos de Las Vegas.

Es deseo del Ser Humano el poder ser sorprendido por aparentes elementos sobrenaturales para lograr un efecto imposible de realizar de manera normal o de una forma que podamos asimilar cabalmente en este momento. Ya lo decía Arthur C. Clarke cuando comentaba que cualquier tecnología suficientemente avanzada puede ser interpretada como “magia”.

Una de las corrientes más recientes a nivel creencia es la magia del caos. Calificada como otra tendencia más del neopaganismo, es que este esquema toma elementos de varias fuentes y las sincretiza de manera particular al grado de que se establece como una metacreencia.

Para continuar leyendo, echense una vuelta a Siriusfem. Y en efecto, no tiene nada que ver con cine.