Una flota…
Una guerra…
Un hombre…
Una idea…
Un truco…
Un truco para romper los muros de Troya, y reducirla hasta cenizas.
Así inicia el canto que relata una de las historias más grandes de occidente, la lucha entre un hombre de visión, que, tras aprender de sus errores, lo único que quieres es regresar a casa después de un conflicto… el conflicto elevado por los fans y los disque expertos que poco tiene que ver con la historia original, pero como pasa con la tradición oral, esta puede mutar a conveniencia del que la cuenta.
En esta entrega en texto para Churros y Palomitas, el mejor sitio de análisis en donde no hacemos caso a la insensatez que está en redes sociales para hablar de temas de cine y de industria, y tras el lanzamiento de la nueva cinta de uno de los directores más importantes de tiempos modernos, no podía evitar la oportunidad de buscar clicks, pero no caeré en la fórmula floja y facilota que han explotado hasta personas y medios supuestamente serios, en donde como gatos, parece que encuentran más diversión al jugar con una caja que con el juguete que alguien con mucho cuidado les escogió con las mejores intenciones.
Los capítulos de esta revisión a continuación, para que puedas pasar al que es de tu interés, aunque una cosa lleva a la otra.
1- La película que Nolan ha contado una y otra vez
2- Cada generación tiene derecho a reinventar a sus clásicos
3- Los prejuicios y la ignorancia
4- La guerra de formatos con la (ir)relevancia de IMAX
5- Las audiencias y la tradición oral
Capítulo 1 – La película que Nolan ha contado una y otra vez
Nolan es uno de los directores más importantes de los últimos años. En su ascenso a la posición en donde tiene efectivamente más poder que las franquicias de Star Wars o Marvel de la casa del ratón, ha sido cuestionado y criticado, pero se ha notado una trayectoria llena de aprendizajes que terminó cuando gracias a Oppenheimer ganó 7 Óscares, incluyendo mejor película y mejor director. Después de haber alcanzado esa cima que muchas veces parece más ansiada por los cinéfilos que por los cineastas, en donde hizo lo improbable al hacer que una cinta sobre un científico se volviera un blockbuster popular y taquillero (y no, no hablamos de Batman que él mismo dirigió, aunque como sabemos, Batman también es un científico), ¿qué quedaba como desafío para Nolan?
Entre las temáticas recurrentes del director está su enfoque en figuras masculinas que pueden servir como guía, pero que también la necesitan. Michael Cane ha sido mentor de varios de sus personajes en cintas que van desde Inception hasta el caballero de la noche, y también está presente en el caso del Eumeo de John Leguizamo, quien tiene un papel más relevante que los castings polémicos para algunos sectores de figuras como Elliot Page o Lupita Nyong’o. Además de esto, Nolan siempre juega con la obsesión y el sacrificio (The Prestige, Oppenheimmer), la memoria y su maleabilidad (Memento, Inception), y la elasticidad del tiempo (TeneT, Dunkirk, Interstellar). Fue gracias a lo que aprendió con todas esas cintas, algunas que no fueron tan bien recibidas como TeneT o Interstellar (TeneT sigue siendo una de mis favoritas, aunque se que soy de una minoría oprimida), que su estilo se fue depurando para que cualquier proyecto que saque llame la atención, sin importar si es esa historia que él mismo ya ha contado, y que podemos ver incluso en su Batman Begins, con el viaje del héroe que eventualmente regresa a poner orden en casa.
En la pasada CinemaCon (de la cual, no se si les he dicho, pueden revisar nuestra maravillosa cobertura), la presentación de Universal empezó con la presencia de Nolan, quien él mismo reconoció que considerando que para el mismo estudio se contaría con la presencia de Steven Spielberg, era imposible seguir después de la aparición de otro de los grandes directores vivos, por lo cual estaba feliz de ser quien abriera el piso. A Nolan se le ha comparado con Kubrick, aunque si consideramos taquilla e impacto con audiencias en general, está más cercano a Spielberg, pero en realidad él es su propia bestia. Su obsesión con el gran formato y las imperfecciones del celuloide lo han caracterizado y establecido incluso como una marca, ya que el presidente del gremio de directores no solo es promotor del IMAX (lo cual han malentendido un montón de mequetrefes en internet), sino que la identidad de su narrativa es capaz de impregnarse incluso en historias contadas por siglos, como es el caso de la Odisea.
Atribuida a Homero, el cual podría ser un individuo, un colectivo, o un avatar narrativo del que se conservan algunos de sus poemas épicos, la Odisea inicia en medio de un conflicto, y la narrativa no lineal nos lleva del presente en donde un reino necesita el regreso de su líder (el Odiseo de Matt Damon), a las circunstancias que lo llevaron a su ausencia, las cuales lo volvieron leyenda, incluso para su propio hijo Telémaco (Tom Holland). La manera en que primero conocemos a Odiseo es como un “politropo”. En las traducciones del texto al español, como la de Laura Mestre Hevia, el texto inicia pidiendo que se cuente la historia de “aquel varón ingenioso que anduvo errante largo tiempo, después de haber destruido la sagrada ciudad de Troya”. Dependiendo la traducción y el idioma, uno encuentra distintas versiones, siendo una de mis favoritas, la hecha en 1996 por Robert Fagles, en donde se habla de “un hombre de giros y vueltas” (“sing to me of the man, Muse, the man of twists and turns”), lo cual es una manera más elegante de hablar de una figura compleja e incluso truculenta y chantajista, a la cual no se idolatra desde el principio, buscando plantar una imagen positiva en el escucha o en el lector.
Más recientemente hemos tenido versiones como la de Emilly Wilson, en donde un relato narrado y hecho para los hombres busca enriquecer su perspectiva con una nueva visión y traducción, no buscando hacer un texto feminista, porque el relato no lo es, pero sí para profundizar las características de algunos de sus personajes femeninos, que a pesar de las limitantes de la época del relato, y las versiones subsecuente, pueden hacer que figuras como Penelope (Anne Hathaway), la esposa acosada por los aspirantes al trono tengan un mejor desarrollo que el ser solo una figura de relleno. Además, el lenguaje más sencillo de esta versión es parte de la base del guion adaptado por Nolan, en donde en el manejo del idioma, en lugar de caer en clichés como el hacer que los actores hablen inglés británico, casi shakesperano, para hacer parecer más solemnidad y antigüedad en los diálogos, aunque los mismos hayan sido ideados en otro idioma, hace uso de un inglés más natural, ya que lo que importa es la historia en su fondo, por encima de la forma.
Estos toques son reflejados en la versión que tenemos adaptada para el cine por el mismo Nolan. Si Wilson habla de cómo el relato homérico “debe sonar heroico y ancestral”, esto es por el sistema de valores de la época, en donde se busca apoyar la jerarquía de la sociedad de ese momento, porque eso es lo que el heroísmo implicaba en la sociedad griega. En nuestro entorno actual, esto puede aplicarse a mitos idealizados pero las figuras más cercanas son imperfectas, aunque puedan tener un dejo de idealismo. Es el caso del personaje interpretado por Matt Damon, quien si bien no se presenta como un líder que pueda ser siniestro, ya que incluso es capaz de avisar a sus presas de su presencia (algo que sirve de manera genial para establecer cues de audio aprovechados por Willie D. Burton y Chris Lane en el departamento de diseño de mezcla de sonido y score), es ingenioso y falible. Su ejército le podrá ser fiel, pero tanto Sinon (Elliot Page) como Euríloco (Himesh Patel) cuestionan sus decisiones. El ingenio no es suficiente para lograr la supervivencia de todos.
Los personajes falibles son más interesantes. El cargar con el peso de sus acciones, especialmente con sus errores, es algo importante en el proceso de maduración. En este sentido, la cinta es hermana a Oppenheimer. En el relato atómico tenemos un tercer acto con un viaje intelectual y de culpas. En la Odisea tenemos un viaje literal, fuera de la mente, pero con lugares que son reflejos del subconsciente. La cinta inicia con un texto que explica que estamos “en un tiempo de magia aparente”. No la niega, de la misma manera que al menos uno de los dioses es encarnado por una figura humana (la Athena de Zendaya), pero los muros entre este mundo y el que sigue son tenues, y el contacto con lo sobrenatural está “nolanizado”, al plantearlo además de como un lugar geográfico, un estado mental dentro de la mente y existencia torturada de nuestro protagonista, el cual empieza a confrontar las consecuencias de sus actos, dándose cuenta que aunque su propósito puede ser heroico, su camino es tortuoso, y no solo para él, sino para los que lo acompañan y para quienes han caído en su proceso de ascenso y regreso. Oppenheimer no pudo regresar el genio a la botella, tras liberar el poder del átomo, de la misma manera que la leyenda y la destrucción causada por las ideas de un hombre no pueden ser contenidas, ya que su relato no es suyo para contar, y es parte de una narrativa que le es ajena a quien la protagoniza.
Capítulo 2 – Cada generación tiene derecho a reinventar a sus clásicos
Mientras que el relato de la Odisea nos pudo llegar por texto escrito en la escuela, o en una versión televisiva (gracias a Alberto Acuña por compartir la referencia), este surge del relato oral. Esta era la manera más efectiva para compartir historias, en donde la voz y la métrica hacían que la historia se clavara en la memoria. La Ilíada y la Odisea fueron escritas en hexámetros dactílicos, en donde el juego entre vocales breves y largas ayudan a manejar el ritmo en la voz, de manera similar a como se recita un soneto. ¿Cómo puedes replicar esto en un medio cinematográfico en donde tu relato puede ser replicado en múltiples pantallas? Para hacerlo, Nolan usa dos trucos, combinando el juego sobre nuestra percepción en lo conocido como sus actores, así como la duración en el tiempo con sus secuencias (set pieces) más importantes.
Vamos a aprender primero un poco sobre los mencionados hexámetros dactílicos. “Dactílico” viene de dedo y hace referencia a tener una sílaba larga y dos cortas. ¿Qué tiene que ver con los dedos? Ve tu mano y encontrarás que tienes dos huesos largos y uno corto, tal como busca imitar este estilo métrico. El hexámetro viene de seis, ya que cada verso consta de seis pies. Los primeros cinco pies o partes tienen un dáctilo con una sílaba larga y dos cortas, o un espondeo, que son dos sílabas largas escritas. El último pie contiene un espondeo o una sílaba larga seguida de una sílaba corta.
El entender este manejo puede parecer complicado si uno no está familiarizado con ciertas figuras literarias, pero ayuda a entender que se busca un ritmo con el manejo de la voz. Los cantos de los relatos griegos, como pasa con la Odisea, para facilitar su transmisión oral no dependían de la rima sino del ritmo, y este manejo es el que hacía que fuera más fácil de memorizar.
Si quieres sentirte más exquisito que aquellos que dicen que quieren ver La Odisea “como Nolan manda”, en celuloide de 70 mm, puedes escuchar el inicio de la Odisea recitado por Emily Wilson, la traductora previamente mencionada. Puedes también escucharlo a modo de canto con pronunciación erasmiana. Dicha pronunciación fue propuesta por Erasmo de Róterdam, buscando reconstruir el sonido original del griego. En español puedes encontrar interpretaciones y traducciones que buscan emular el ritmo de la voz original, como este fragmento de la Ilíada, en donde encontrarás también, de manera visual, la manera en que se divide el texto.
Ahora que ya tenemos algo de contexto que seguro te ayudará a ser el alma de las fiestas, ¿cómo se puede traducir esto del lenguaje hablado al lenguaje audiovisual sin que sea cansado? El escuchar rima constante, o un ritmo de voz puede fastidiar, y en este caso, Nolan decide trasladarlo a través de la duración de las secuencias principales que muestran los diferentes desafíos que deben confrontar Odiseo y sus amigos. Las secuencias como el encuentro con Circe en la isla, la confrontación con Polifemo, o la visita al inframundo duran 15 minutos, como menciona David Jenkins, editor de Little White Lies, en el minuto 45 de este episodio, y cada una de estas secuencias tiene un “money shot”, o una imagen memorable al respecto, pero las mismas no duran tanto como para llegar a cansar, haciendo que el espectador se quede deseando un poco más. De esta manera puedes adaptar al lenguaje audiovisual, estableciendo un ritmo narrativo con las duraciones mientras se juega con las expectativas.
Por otro lado, el cast de la cinta, el cual competirá con el de Dune parte tres como los mejores ensambles del año, y en donde ambas cintas se comparten actores, no es casualidad. Anne Hathaway es una mujer fuerte y determinada, y aunque su personaje está limitado por el relato, es la ama de su castillo, mientras espera fiel el regreso de su esposo. Nadie puede dudar de su fuerza ni de su belleza, tomando aquí elementos de la traducción hecha por Emilly Wilson. El Odiseo de Matt Damon se construye con un actor que no ha vendido su imagen al terreno de los súper héroes, y aunque ha interpretado al espía desmemoriado favorito de todos con Jason Bourne, con lo cual sabes que es capaz de tomar armas y acabar con ejércitos él solo, también tiene una imagen limpia e incluso familiar. Si se encuentra solo en una isla casi desértica, en donde solo puede convivir con Calypso (Charlize Theron), o pasa un tiempo con la Circe de Samantha Morton, puedes asumir que, a menos que se mencione directamente en la cinta, no tuvo amoríos con ninguna de estas mujeres. Esto está explícito en el texto original, pero en esta versión se pierde ya que no es parte del relato en donde se conserva algo de virtud por parte del personaje. En la misma línea, si ves a Tom Holland, sabrás que es un muchacho bien intencionado, aunque no precisamente brillante, que se esfuerza por tener un acento de inglés estadounidense, haciendo lo posible por encajar. Quizás el personaje con mayor diversión fue el Antínoo de Robert Pattinson, el cual se convierte en un verdadero antagonista que está a dos pasos de ser un villano reventón de caricatura, pero son esos dos pasos de distancia los que lo establecen como ese malo que amas odiar. Incluso los casts más físicos, como el de Benny Safdie como Agamenón, no son casualidad. Su altura de 1.85 con armadura dan una figura imponente, que si bien es de ascendencia judía, tiene la presencia necesaria para el perfil de personaje
Los castings más cuestionados, y los cuales denotaron los prejuicios de posibles espectadores, más preocupados por manifestar su racismo o sexismo, vinieron por parte del Sinón de Elliot Page, y la Helena / Clitemnestra de Lupita Nyong’o. Ambos personajes en total no tienen ni 7 minutos en pantalla, pero sus apariciones son significativas y poderosas. Sinón no es el idolatrado Aquiles, sino un frágil guerrero que es capaz de todo por su general. De la misma manera el discriminar a Lupita por no caer en los cánones de belleza sajones, por personas que incluso tienen piel más oscura que yo, solo denota una cerrazón que no busca escuchar o entender un relato, sino quejarse al no verse reflejado en una historia que no les importa, pero como es parte del discurso colectivo del cual no son parte, se sienten discriminados y buscan reflejar dicha discriminación en los demás.
Capítulo 3 – Los prejuicios y la ignorancia
Conforme se iban revelando detalles de la nueva cinta de uno de los directores más afamados de Hollywood, los prejuicios de distintos miembros del público fueron saliendo, incluso si estos no se basaban en realidad.
Greek Reporter reportaba, sin fundamentos, que Lupita Nyong'o interpretaría a la diosa Atena, incitando al click alegando “blackwashing” de personajes. Los comentarios dejados en el post reflejaban animadversión sobre un personaje que de hecho fue interpretado por otra actriz (Zendaya), y esta fue la constante con otros casos, como el de Elliot Page, en donde nuevamente los prejuicios temían que el actor interpretara a Aquiles, cosa que no fue cierta, y supuestas correcciones posteriores incluso le adjudicaban otro personaje que no era Sinón, a quien dio vida el actor que previamente ha colaborado con Nolan.
Tal vez una de las figuras más controversiales, quien no es ajena a decir estupideces sin fundamento aprovechando que tiene su propia plataforma para expresarse, es Elon Musk, quien en declaraciones recientes que Grok Imagine, su sistema generador de video, podría crear antes de que termine el año una película completa basada en la Odisea que sea “históricamente correcta”, lo cual no solo revela el grado de imbecilidad de Musk al buscar que un relato ficticio sea “históricamente adecuado”, sino que es solo un pretexto para promocionar uno de sus productos con un discurso que puede resonar con sus seguidores, principalmente conservadores blancos que se sienten fuera del discurso social en este momento, siendo injustamente discriminados. El mismo Musk ha mencionado que él apoyaría con 100 millones de dólares para financiar una versión de la Odisea dirigida por Mel Gibson. Esto es profundo si consideramos el nivel de credibilidad que tiene el hombre más rico del mundo que declaró que para 2023 tendríamos colonias en Marte.
Capítulo 4 – La guerra de los formatos y la (irr)relevancia del IMAX.
Nolan ha sido uno de los grandes impulsores del formato IMAX, esto debido a que le debe su crecimiento como director a un formato más amplio. La obsesión por sus seguidores para ver la cinta “como Nolan lo hubiera querido” (algo que parece más un mantra religioso que una recomendación de visualización), ha hecho que algunos complejos tengan ya reservados todos los asientos para estas pantallas hasta finales de agosto, como en Nueva York y Los Ángeles, o incluso hasta septiembre, en Londres. Mal momento si eres un blockbuster como el regreso de Spidey, ya que tendrás que conformarte con los demás tamaños mientras quieres cobrar más cara la proyección.
El buscar una sala “ideal para ver la película” es más marketing manipulador que ha funcionado con espectadores que se creen lo que les digan, que una condición ideal para disfrutar la obra. La cantidad de salas con el formato ideal es de 41 a nivel mundial. Imagina que te toca una como el AMC de Rivercenter, con un proyector que ha fallado tantas veces que han tenido que cancelar las funciones. Por otro lado está el Galaxy Theater de Austin en donde se limita la cantidad de gente por función debido a que la sala se sobre calienta y el complejo ha tenido que traer unidades adicionales de aire acondicionado para hacer tolerable la función en salas a media capacidad. Tal vez el ruido de los equipos adicionales sirva para que el espectador se sienta en la locación con las ruidosas cámaras IMAX y vivir la experiencia que el mismo Nolan y su equipo padecieron, aunque cabe destacar que IMAX estuvo trabajando desde hace años en mejorar su tecnología… como Nolan lo pidió.
¿Y en México? Algunos medios, más por buscar el click barato, incluso han dado recomendaciones o revelado la triste realidad de que en México no se podría padecer (o disfrutar) la proyección como Nolan manda, pero no importa porque Cinetecas podrán proyectar la versión en 35 mm en celuloide. Esto es un premio de consuelo para quienes quieren sentirse cinéfilos superiores con cualquier excusa al alcance de su mano, sin explicar cual es la relación con el mandato divino de Nolan, quien seguro no querría que vieran esa cinta a la mitad.
Los comparativos entre tamaños de pantalla no son nuevos, y el mismo Ryan Coogler hizo un comercial para Kodak para explicar los distintos tamaños, hablando de Sinners (cinta que confieso jamás vi en IMAX, así que, según los exquisitos, jamás vi en realidad). A esto siguió Vistavision, también en gloriosos 70MM para One Battle After Another, un formato todavía más restrictivo, para el cual a menos que seas Quentin Tarantin y tengas tu propio cine, solo podrías ver en Los Ángeles, Nueva York, Boston o Londres. El elitismo se hizo presente en su momento, a menor escala, y este no siguió en cintas como El Testamento de Ann Lee, la cual también fue filmada en Vistavision, la cual vivió libre del drama.
Comentarios de figuras que pueden ser respetadas y tienen trayectoria, como Alejandro G. Calvo de Sensacine, fueron extraídos para no enfocarse tanto en los comentarios sobre la película, sino en la queja de que como no pudo ver la película en la mega pantalla, pues “no la pudo apreciar como Nolan hubiera querido”. De manera similar a los comentarios ignorantes sobre el cast, varios tomaron esto para expresar la queja sobre algo que no conocieron, hablando de elitismo y contradicción, sobre quien previamente había dicho que quería salvar el cine (Nolan, con el lanzamiento de Tenet durante pandemia, y según algunos “expertos”, hasta mató el cine en ese momento, y tal vez ahora vivimos en una realidad paralela).
Nolan no es bueno dirigiendo secuencias de acción. Las quejas expresadas por Calvo van en ese aspecto, ignorando deliberadamente este hecho. El cambio de juegos de encuadres y manejo de coreografías para tener secuencias claras nunca ha sido su fuerte, aunque trabajó en esto en su versión de cine de espías con TeneT, en donde era más fácil tratar de coreografiar secuencias en reversa que trabajar en la narrativa visual. Este es un talento peculiar que incluso directores “menores” como Guy Ritchie dominan, y que incluso cintas más complejas con conflictos armados, son capaces de establecer geografía clara para que el espectador no se pierda a pesar de los múltiples cortes dentro de sus secuencias. El tamaño de cuadro en cámara IMAX le daba más espacio para incluir elementos en las tomas, y así ayudarle a compensar sus deficiencias narrativas. Pero al parecer es más fácil culpar a los complejos de cine por no tener salas para proyectar películas que aprovechan el glorioso tamaño y que se estrenen tal vez una o dos veces al año si bien va, y el resto del año solo puedan proyectar versiones adaptadas de cintas regulares para cobrar más caro el boleto.
Este purismo mostrado de manera vocal por algunas pocas personas ha buscado resonar gracias al volumen y no a lo que dicen. Yo tuve la oportunidad de ver La Odisea tanto en IMAX, o “liemax” según los exquisitos que ni siquiera son capaces de calibrar las teles de su casa, como en formato tradicional con proyección digital y supuestas "cabezas cortadas" que no aparecen jamás en pantalla. En ambos casos la narrativa funciona, y no te pierdes de nada si la escoba en la cabeza de Agamenón se ve cortada, si no ves tanto océano en una secuencia naval, aunque tengas delfines al lado, o si en medio de una secuencia de batalla, mal armada pero emocionada (como Nolan las sabe hacer), no ves parte del piso que no afecta el combate a cuadro.
Este tema no ha sido exclusivo del IMAX. Abel Quezada, uno de los grandes moneros mexicanos, publico divertidas quejas en 1955 en donde ante el auge de las "pantallas panorámicas", el cambio de formato cuadrado a uno más horizontal podría hacer creer que se pierde algo en imagen arriba y abajo cuando en realidad se estaba extendiendo a los lados. Esto curiosamente ha sido casi replicado por los nuevos exquisitos que olvidan que para proyección, se hacen adaptaciones a los distintos tamaños de pantalla, y la misma también debe ser ajustada en la sala de proyección, lo cual permite que veamos películas más "cuadradas", lo que técnicamente las acercaría al formato IMAX, pero que en la narrativa audiovisual provoca más una sensación claustrofóbica. Al menos Abel Quesada tenía genuina gracia al expresar un punto, a diferencia de los "etzpertoz" del cine que ponen quejas, y seguro no las expresan si en una proyección el lente y aspect ratio equivocado están seleccionados para su función.
Imágen cortesía de LAGS, tomada del libro de Abel Quezada: El Cine. Los mejores cartones, publicado por Planeta.

Que deprimente debe de ser cuando se tiene una cinta comercial hollywoodense, la cual tiene impacto y relevancia cultural, y ha impulsado el interés por descubrir o redescubrir la obra original, y uno debe marcar un elitismo personal para que las grandes audiencias no se sientan tan especiales como uno quisiera ser. El marketing manipulando a aquellos que se sienten por encima de este tipo de manejos. ¿Cómo puede uno justificar el ser purista del cine con una película que se lanzó en tantos formatos como fuera posible, para que comercialmente tuviera el mayor éxito, volviéndola objetivamente una obra democráticamente al alcance de los que pueden acudir a cualquier sala de cine? Para eso mejor sean Patreons de Churros y Palomitas, y si nos apoyas con 10 dólares o más te mandamos tu credencial del Club Cinéfilo Mamador que te sirve como mejor acreditación al respecto.
Capítulo 5 - Las audiencias y la tradición oral
Con todo el ruido alrededor, es fascinante el ver como la cinta más reciente de uno de los directores hollywoodenses más exitosos actualmente ha logrado resonar con las audiencias, así como con sus detractores. Esto no es casualidad y tiene gran mérito propio. La cinta cuenta con calidad y espectáculo, como ese cine clásico que, como nuestro amigo Ernesto Diezmartínez menciona, es un “auténtico filme hollywoodense como ya nadie sabe, quiere o puede hacer”.
El cine es arte, es espectáculo, es negocio. Solo los limitados de visión niegan que estas tres cosas puedan coexistir. La cinta logra algo que pocas, y es que la mayoría de la audiencia, al menos en las funciones que he estado, y por lo que he visto no son la excepción, quiera hablar sobre la cinta, y volverla a ver, incluso después de salir de la función. Es cine que invita a verse y ser compartido. Para mi fue una experiencia genial que tras verla con unos amigos, fuimos a continuar la charla con unas chelas precisamente para hablar de la cinta, y no éramos “cinéfilos mamadores” todos, sino que simplemente el impacto y la ejecución de esta nueva interpretación es accesible, y gracias a eso tiene una mayor resonancia, extendiendo así uno de los primeros y más longevos relatos de la civilización moderna, y perpetuando la tradición oral, la cual no debe limitarse a las discusiones que se pueden tener en redes o los monólogos segmentados en videos verticales en donde el contexto no importa, siempre y cuando lo dicho pueda reforzar nuestra creencia.
Curiosamente, tanto la Odisea de Nolan como Una Batalla tras Otra de PT Anderson también hablan de cambios de ciclos y pases generacionales. Sus personajes son conscientes que tuvieron un momento y un lugar, y que no hicieron lo mejor que pudieron, pero quieren que quienes les sigan no cometan los mismos errores. En el caso de Nolan esto entra dentro de una de sus historias clásicas, al tener protagonistas atormentados que deben confrontar las consecuencias de sus acciones, y en esta cinta gemela a Oppenheimer da una versión más amplia, y curiosamente más cercana a dicho relato. El entender esto es más importante que el quejarse sobre el tema de moda que seguramente será olvidado cuando la cinta llegue a servicios digitales, alcanzando más audiencias con el relato clásico, y quizás volviéndose uno, llegando a más personas, y trascenciendo, generación tras generación.







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