Vida y muerte de Sora, el "asesino de Hollywood" - The Dailies 131

OpenAI anuncia que dejará de trabajar en tecnologías generativas de video, matando así el proyecto de Sora. ¿Qué impacto tiene esto y por qué una de  las empresas más prometedoras tuvo que cancelar un proyecto a pesar de tener acuerdos para usarlo con Disney? De eso y más hablaremos en esta entrega de The Dailies.



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Hace tiempo, trabajando en el área de post producción de cierta empresa cuyo nombre no puedo mencionar, recuerdo algunas discusiones sobre un spot publicitario que se pensaba mandar a pauta televisiva. Se hacía mención directa de ciertos detalles que seguro traerían demandas por la información mencionada. ¿Qué haces en esa situación? ¿Te apegas a manejos éticos y armas nuevamente el guion para evitar este tipo de represalias? ¿O haces una evaluación de costos y beneficios? Como el enfoque de un negocio es hacer dinero, al revisar el costo estimado de una posible demanda ante las posibles ganancias generadas por el lanzamiento de un spot que subiría las ventas en cierto porcentaje, salía suficiente dinero para pagar la demanda y retirar el spot si era necesario. Es ciencia básica: si los beneficios son mayores, es mejor pedir perdón que pedir permiso.


Esto pasa en varios niveles y llegó el momento de hacer ajuste de cuentas con OpenAI y su generador de video, el cual se anunció con bombo y platillo en febrero de 2024, antes de lanzar una versión comercial en2024, y una aplicación para celulares en septiembre de 2025. Los primeros videos fueron recibidos tanto con entusiasmo como con miedo. Los más aventurados decían que era el fin de Hollywood y la reinvención de la publicidad. Los ejecutivos lo veían como un instrumento para eliminar los costos y a los trabajadores que hacían posible una filmación. Los escépticos buscaban implementaciones que superaran la curiosidad del momento. Con el lanzamiento de la aplicación, la cual llegó al millón de descargas rápidamente, superando a ChatGPT, se llegó a la mal llamada “democratización” de los medios, en donde un usuario de a pie era capaz de crear videos de lo que quisiera. Esto fue encontrado con más desencanto que emoción, ya que el pésimo gusto de muchos usuarios no solo generaba contenido que violaba propiedad intelectual, sino que el uso de imagen podía afectar a personas como Zelda Williams, hija del fallecido actor Robin Williams, quien pedía que la gente dejara de mandarle videos generados con la imagen de su padre. A las semanas, la emoción por la aplicación se fue desvaneciendo, especialmente por los filtros de control que eliminaban la posibilidad de usar personajes que estaban protegidos por derecho de autor, que es lo que la gente buscaba. Era más interesante hacer un video en donde se ve una versión de Sam Altman cocinando y comiéndose a Pikachu que, no se… algo original.

La salvación al parecer venía con la firma de un acuerdo entre Disney y OpenAI para licenciar el manejo de personajes y crear herramientas generativas para que usuarios de Disney+ pudieran crear sus clips virales. Este acuerdo, del cual no había nada firmado ni intercambio monetario todavía, fue deshecho y en lugar de mostrar las apuestas tecnológicas de Disney o la legitimización de OpenAI con la posibilidad de recibir mil millones de dólares de financiamiento, era evidencia de que los negocios no se pueden construir solo con buenos deseos.

¿Por qué cerró Sora y OpenAI se enfocará en cosas más aburridas como en desarrollo de códigos? Por negocios. Sam Altman por años ha dicho que, si le dan miles de billones de dólares, eventualmente sería capaz de crear un dios digital, pero en el terreno tangible esto es una realidad más distante que el apocalipsis de Terminator. OpenAI decía tener más de 900 millones de usuarios semanales en promedio, así como haber obtenido financiamiento por hasta 120 mil millones de dólares en su última ronda. Suena a mucho dinero, pero vayamos a los costos posibles por el uso de herramientas generativas de video como Sora. Un reporte de Forbes indicaba que, para crear un clip de 60 segundos, el costo estimado es de un dólar con treinta centavos. En su punto de mayor uso esto implicaba un costo de 15 millones de dólares al día. Con el paso del tiempo, la calidad de los videos fue disminuyendo, por lo que se puede deducir que OpenAI redujo la cantidad de tokens utilizados, tratando de reducir costos.

En el terreno de la producción, si estás haciendo un spot publicitario (no hablemos de películas o series, porque ese costo se incrementa exponencialmente), no vas a generar un clip de video utilizable en el primer intento. ¿Recuerdas el polémico spot de Coca-Cola de navidad? Reportes de Futurism indican que para el mismo se necesitaron 100 personas y la creación de 70 mil clips generados. Si eso se hubiera hecho con Sora, con un costo por clip de 1.3 dólares, tenemos una producción de 910 mil, sin considerar edición, retoque, rotoscopeo, corrección de color u otros tipos de postproducción. El precio podría ser menor ya que la mayoría de las empresa que ofrecen estos servicios buscan ofrecer costos más bajos para asegurar contratos a mayor tiempo, pero desde aquí se ve que la etiqueta de precio para herramientas que el público podía usar gratis y pensar que hacen mejor trabajo que profesionales es mayor, especialmente para el contenido desechable que era la especialidad de Sora.

El cierre de la herramienta de OpenAI implica dos cosas, o que tenía muchos usuarios y los costos eran elevadísimos, o que tenía muy pocos usuarios, y no valía la pena mantenerlo, ni para el entrenamiento de modelos. Ninguno de los escenarios es positivo.

Otra variante es la cruda realidad del negocio del entretenimiento. Hollywood ha estado en crisis constantes desde la pandemia, y seguirá así por algunos años. Las causas son varias, y se sigue buscando la reducción de costos en todos lados, lo que implica menos vacantes, peores salarios y mínimas posibilidades de crecimiento. Esto ha permeado en otros sectores, en donde incluso el youtuber más popular de todos los tiempos, Mr. Beast, hace más dinero vendiendo chocolates que con sus videos. La fórmula clásica para volverse millonario en Hollywood es empezar siendo billonario e ir perdiendo dinero. En el momento en que las tecnológicas mostraron interés, buscando explotar el sector, llega un choque de realidad en donde no todos pueden ser ganadores. Netflix, que actualmente es más un estudio con una plataforma de distribución digital que una empresa tecnológica, insiste en que se le catalogue como lo segundo para seguir teniendo calificaciones favorables por Wall Street. Los estudios que buscaron lanzar sus propias plataformas han claudicado en su mayoría, y algunos incluso buscan consolidación, como es el caso de Paramount con Warner (y Oracle tras bambalinas). En el caso de OpenAI, la promesa de ofrecer generación de videos para que los estudios o los usuarios se sintieran el siguiente Spielberg gracias a que podían escribir prompts quedó inconclusa cuando se revisaron los costos, y la realidad era más cara que los beneficios. Y eso sin contar la posibilidad de demandas por el uso de material no licenciado para su generador, ya que las prácticas éticas no son algo que se den en una empresa que irónicamente surgió al buscar que la IA se desarrollara éticamente.

¿Es esto un triunfo para los creadores, especialmente en el sector audiovisual? El resultado como la batalla de Puebla, en México. Un momento conmemorado de manera oficial, en donde México le ganó una batalla a Francia durante su invasión. Lo que muchos no quieren recordar es que eso ocurrió en una guerra que México terminó perdiendo. Por lo pronto, se tiene un respiro, pero otras empresas como Oracle, las cuales buscan generar eficiencias en la producción audiovisual, seguro están poniendo atención y aprendiendo las lecciones que ocurren en otros lados. Mientras tanto, las adopciones tangibles y se siguen haciendo tras bambalinas. Weta ha usado cantidades enormes de equipo con entrenamiento mecánico para trabajo de efectos visuales que dan como resultado cintas como Avatar, pero como esto no es tan rimbombante como las promesas de emprendedores tecnológicos, puede pasar desapercibido. Los creadores necesitan más protecciones, ya que ahora la piratería no se limita solo a las copias no autorizadas de contenido, sino al uso de imagen o estilos, que es un hueco del que se han aprovechado muchos para ofrecer soluciones en el medio del entretenimiento. Por lo pronto, OpenAI decide retirarse de algo que solo le trajo dolores de cabeza y nada de ganancias, con una fallida prueba de concepto. Sora ha muerto, y apenas si la conocimos.

Esta entrega fue traída gracias a:

Productora Ejecutiva: Blanca López

Co-Productor: Dany Saadia
Co-Productor: Román Rangel

Agradecimiento especial a nuestros Patreons: Adriana Fernández, Agustín Galván, Cris Mendoza, Fernando de Anda, Franky González, Jaime Rosales, Juan Espíritu, Zert, Álvaro Vázquez, Arturo Manrique, Fabiola Sándoval, Lau Berdejo, Marce, Miguel Huesca, Alejandro Alemán, Arturo Aguilar, Enrique Vázquez, Ernesto Diezmartínez, Mariana Padilla, Tania RG y Fernando Alonso.

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