Este año oficialmente me declaré Grinch contra las festividades de temporada. Digamos que no ando de ánimos y se han juntado varias cosas. Ni a la cena tradicional del lugar donde chambeo, y ni siquiera a la comida con los cuates asistí. Simplemente no me quise sentir parte del espíritu y no pensaba fingir simplemente para complacer a otras personas.

Es curioso como se fueron dando cosas que me mostraron que este año podía ser increíblemente vacío (a nivel personal) y superficial. Como algunos saben, trabajo en una universidad de acá de Leondres, Guanajuato. Es costumbre que para fin de año, además de la cena de gala de la institución, cada área o departamento tiene sus comidas “integradoras”. En el área que laboro (Desarrollo Integral) fue curioso como en vez de que, como en otros años, nos juntáramos en casa o rancho de alguien y lleváramos guisados o preparáramos una carnita asada, se optó por irse a un restaurante respetable, casi casi hasta con cuarteto de cuerdas y tener un desayuno muy acá, y obviamente mas caro que preparar una casuela de frijoles para compartir. Yo con mis ánimos, les dije que gracias por participar. Mejor me organice con mis amigos de departamento y tuvimos una deliciosa tostadiza con ceviche que llevo el buen Nacho, las cocas y frijolitos del Ernesto, aguacates pequeños y limones gigantes de la Chio y unos cueritos, patas y orejas de puerco que traje. ¿Costo total? El mismo que cada persona pago por un pinchurriento platillo en un desayuno comprado “fancymente”.

Y luego tenemos los sensacionales intercambios. Honestamente, cuando uno anda en espíritu y toda la cosa, uno aprecia el detalle y a final de cuentas la intención es lo que cuenta. Después de varios años en que me esforzaba buscándole el regalo perfecto a quien me tocaba darle y recibiendo muy rara vez algo con el mismo esfuerzo (excepto honrosas excepciones) donde usualmente recibía el de uve de del Santo (that’s an easy one, come on!) decidí dejar expectativas y esfuerzos vanos y auto-regalarme lo que en realidad quería. Sirve que me llega lo que quiero por paquetería, le pongo un moño y luego me emociono abriéndolo y recibiendo exactamente lo que quería. Digo, al menos es más honesto que poner en la listita que opciones quiero de intercambio y rezar por que quien me lo iba a dar lo pudiera encontrar y adquirirlo… ¿Dónde esta el encanto de eso?

Pero bueno, en vez de seguir amargándome / amargándoles la vida (uy si, como no) nomás quería presumir que me llegó el primer lote de lo que le escribí en mi cartita a SantA-Mazón. Estas fiestas navideñas podré alejarme del contacto humano forzado y encerrarme en mi cueva a hibernar, leer bastante y ver una que otra película (me faltan por llegar unas) con dichos accesorios. Exacto: viva el estado consumista y auto-satisfaciente de la temporada. Feliz navidad a mi mismo.

Chale... esto se esta convirtiendo en el blog común y corriente donde se destrauma el autor y haba de su deplorable vida... me odio por eso mismo...