Durante la segunda mitad del año pasado e inicios de este tuve un sueño recurrente muy peculiar: voy corriendo dentro de un maltrecho edificio de estacionamientos, siendo perseguido. Al alcanzar el nivel más alto y no encontrar más a donde ir, decido saltar lo que aparentemente eran unos diez pisos. Dentro de las lógicas oníricas, al estar en plena caída me doy cuenta que (al parecer) el edificio estaba en la parte alta de una montaña, ya que mi caída se prolonga de manera peculiar hasta que finalmente me impacto en el techo de una casa. Increíblemente adolorido por el impacto me medio recupero y salgo de la casa a hurtadillas, buscando el no ser visto por los inquilinos. Todavía adolorido solo atino a entrar a una torre de cristal que está en seguida, donde me encuentro con tres personas que ayudan a entrar mi maltrecha persona al edificio donde misteriosamente me siento muy cómodo, casi como si estuviera en casa.

Independientemente de las interpretaciones así es como me estuve sintiendo durante los últimos tiempos.  El dejar mi vieja vida y buscar el iniciar otra ha sido un riesgo tremendo, un salto en la obscuridad... Pero cualquier cosa de verdadero valor en nuestras vidas, ya sea una carrera, una obra de arte o una relación, debe iniciar con semejante salto y en orden  de ser capaz de realizarlo debes dejar a un lado el miedo de fracasar y el deseo de triunfar. Debes hacer las acciones completamente sin miedo y sin deseo, porque las cosas que hacemos sin pretensión ni aprensión por el resultado son los actos más puros que podremos realizar.

Los pasados seis meses han sido particularmente retadores para mi (cosa que preveía antes de buscar iniciar un nuevo ciclo) y esto implicaba bastante cambios.  La calidad y frecuencia de los posts había bajado y si hablaba sobre alguna película, no era de estreno, esto por una simple y sencilla razón: deje de ir al cine. La última cinta que vi en forma en sala popular fue cuando fui con cierta señorita a ver The Dark Knight y después o reseñaba cintas ya vistas en festivales, o en DVDs que tenía arrumbados sin ver desde hace mucho tiempo. Afortunadamente había una que otra proyección gratuita o la invitación a la cineteca para hacer más ligera la travesía, pero aun así fue una espera bastante larga, así como una especie de “retiro en medio del todo” personal autoimpuesto. Digamos que la baja en mi frecuencia de idas al cine se debió, además a una precaria situación económica, también al hecho en que estaba eliminando varios de los elementos que yo consideraba parte de mi vida. Era básicamente la última etapa de una deconstrucción personal que inicio hace más de un año y que me sirvió para pasar a esta otra etapa, más rígida y complicada. Implicaba una desintoxicación de mi propia vida en un lugar distante y prácticamente sin nada de apoyo. Desafortunadamente se conjuntó con el recibir un par de decepciones/traiciones por  personas que consideraba cercanas en mi vida y el frágil equilibrio con el cual me sostenía se perdió. La prueba se volvió más rígida y me quebré emocional, moral, espiritual y hasta económicamente. Trate de ver si podía encontrar tal vez no apoyo, pero al menos un oído con una amiga para simplemente encontrar distanciamiento y descontextualización. Fue en este periodo que me tuve que adentrar en cosas que si bien me eran conocidas no había analizado cabalmente, sino que me eran simples recursos literarios, pero que ahora me servían para canalizar y comprender otros estados de conciencia y/o darme otra perspectiva.

Siempre me había preguntado qué valor tenía el simplemente ir por la vida únicamente aprovechando lo que se nos presenta en lugar de estar buscando retos u oportunidades. Si una persona es feliz o exitosa simplemente porque todo se le ha dado, que bien por ella, creo que el verdadero aprecio de una situación es cuando esta ha sido buscada y peleada más que simplemente otorgada. Lo importante no es el destino sino el trayecto que uno toma, y si bien hay trayectos más difíciles y complicados (que algunos juzgaran son innecesarios, como meterse en camisa de once varas), la realidad es que uno llega a tener una apreciación autentica de los logros por el costo y reto que estos implican.  A final de cuentas cuando la decisión es tomada con plena conciencia de sus implicaciones y se aceptan sus consecuencias es que esta tiene valor real.

Las complicaciones recientes finalmente han dado frutos. Es curioso como hasta el blog me empezó a generar ingresos vía patrocinadores, así como una oferta para colaborar en un proyecto muy interesante. 

Actualmente me encuentro a mi mismo renacido. Cambios que van desde lo físico hasta lo espiritual, así como un nuevo empleo peculiar que me está dando una exposición bastante interesante. Por cierto, esta semana deberán estar pasándose en televisión abierta un par de comerciales que edité y ando esperando algo de material para editar otras tandas dirigidas por Mandoki. Quién diría… Al parecer “las complicaciones innecesarias” terminaron rindiendo “frutos no previstos” logrando “cambios inesperados”. Eso, o todo fue parte de una estructura bastante interesante surgida de un acto puro inicial.  Pasó el momento de separar los elementos para unirlos y sintetizarlos después de un momento de pausa.