Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras

Versión ficcionada y dramatizada de los viajes (físicos y con peyote) de Antonin Artaud en la sierra Tarahumara, combinada con sus visitas al manicomio. 

O eso hubiera sido un mejor enfoque, y más directo y acorde a la historia que estaba detrás de esta cinta, en donde hay buenas ideas, imágenes y secuencias poderosas, pero un desorden narrativo desde el guión, que no se si con otra edición se hubiera resuelto, pero si con un re-enfoque.



La historia trata de ubicarnos desde la perspectiva de Rayenari (José Cruz Apachoachi), y como este hombre maduro de una comunidad Raramuri vive su vida, en donde lo más emocionante es que está haciendo una apuesta de carreras contra otro compañero y que se viene otro hijo en camino. Ah, y tiene visiones en donde un hombre blanco se aparece... corte a...

Hombre blanco se aparece, ha sido rechazado por varias comunidades, e incluso en la que vive el Ray no lo quieren, pero él aboga por este debido a que lo vio en sueños. Como en toda sociedad civilizada, le dicen que ese "es su pedo" (traducción literal del rarámuri), así que él tiene que hacerse cargo, porque siempre que hay extranjeros metidos, nos va mal a los nativos. 

Uno de los mayores problema de la cinta es el manejo del lenguaje como instrumento de comunicación. El espectador es un observador omnisciente que gracias a los subtítulos puede entender lo que dicen personajes que no tienen ese puente del idioma en común. Aunque hay cosas que es posible comunicarse sin necesidad de un idioma en común, y casi para el final hay un enlace muy bien planteado de que en terrenos oníricos todos compartimos el lenguaje, es una traba inicial  como para que el franchute en realidad sea partícipe y entienda esas tradiciones que busca, especialmente si pretende acercarse a una entidad innombrable. 



En México, el tratar historias con temática relacionada a comunidades indígenas o pueblos originarios puede traer problemas. Si no eres parte de la comunidad, puedes ser viso como un remedo de "salvador blanco", aunque en el caso de Federico Cecchetti no debería ser así, ya que previamente, con El Sueño de Mara'Akame tuvo acercamiento en una historia interesante a comunidades huicholas.  Desafortunadamente su segunda película, "Nuestro viaje a la India", sí lo pone en esa delgada línea en que se podría ver más como arribista o turista que como alguien adecuado para narrar estas historias. 

Otro problema es que, a nivel narrativo, los diálogos y pensamientos de protagonistas indígenas siempre parecen simplistas, casi monosílabos. Sus problemas son cotidianos y carentes de trascendencia. Sus diálogos, aunque pueden contener humor, carecen de sutilezas, siendo casi infantiles. El querer darle protagonismo al supuesto otro lado de la historia es una gran falla y se nota ese desbalance en una historia que no debería tenerlo. Tampoco es como querer poner al "indio mágico que resuelve todo con misticismo" (que curiosamente termina pasando), pero los personajes carecen de objetivos o retos fuera de los problemas ocasionados por el extranjero. Además de que se toma un tropo cansado de que "si el extranjero quiere nuestros secretos, le va a ir mal porque no es digno ni capaz de entenderlos. 




Al final el enfoque en la historia es el equivocado, y lo más interesante estaba en otro lado. Tratar de meter como secundario a alguien que puede ser considerado como uno de los padres del teatro moderno puede funcionar cuando tienes una historia o enfoque más propósitivo del otro lado, cosa que no ocurre, ya que el conflicto principal sigue estando del lado de Antonin. 

Es una lástima que la cinta quede a medio camino, ya que tiene secuencias poderosas, pero al parecer, con todo y buenas intenciones, nuestros protagonistas no pueden trascender de un papel de "buen salvaje". 






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